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Ir a terapia como símbolo de bienestar, no de locura

Acudir a terapia es para personas valientes, aquellas que quieren mejorar, aprender nuevas estrategias para afrontar las dificultades de la vida, desarrollar habilidades para relacionarse mejor con las demás personas o con ellas mismas… conocer mejor cómo funcionamos a nivel cognitivo, emocional y conductual.

Como se dice a los pacientes de menor edad… son clases particulares de “CÓMO SER FELIZ”. Ayudars a las personas a alcanzar sus metas, mostrar caminos para desarrollarnos como la mejor versión de nosotros mismos.

Y tú, ¿te atreves?

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Separaciones e hijos

Nos separamos. Y tenemos que decírselo a los niños. Y tienen edades diferentes. Y no sabemos si lo van a entender. Y a saber cuándo se lo decimos. Y cómo…

Esta situación no es fácil. Ni bonita. Ni tenía pensado hacerlo alguna vez. No estaba entre mis ideales de vida. Y aquí está. Se acerca el momento y se me encoge la tripa.

Separarse habiendo hijos e hijas es un paso difícil en el que se ha de apoyar a la pareja para que lo afronten lo mejor posible una vez tomada la decisión, y que incumbe exclusivamente a la pareja que se separa o divorcia.

El proceso de mediación que se puede ofrecer desde el mundo profesional puede ser una ayuda imprescindible para que la situación se lleve por terrenos lo más tranquilos posible.

Fruto de ese trabajo en equipo, se consigue que, en la separación, se aborden con tranquilidad y sinceridad todos aquellos entresijos que, debido a la alta implicación emocional de la pareja, en ocasiones pueden pasarse por alto y ser fuente de conflicto posterior.

Sigue sin ser fácil. Sigue llevando encima una enorme carga afectiva. Sigue la sensación de incomodidad. Pero hay que abordarlo. Y hacerlo bien. Si hay hijos a los que explicar cambios, hay que hacerlo bien.

En cada edad, sus acciones. En cada caso, sus explicaciones. Con cada niño y niña, un mundo diferente. Pero para eso estamos. Para acompañar y guiar en el proceso.

 

Los avances lentos

A veces queremos que el cambio sea rápido. Nos come la prisa. Y en ocasiones se cambia deprisa.

Pero… y después de eso. ¿Realmente hemos interiorizado el cambio? Tal vez la prisa nos invita a cambiar YA, pero si la transformación no es desde el interior, desde el convencimiento, puede ser algo efímero.

¿Y qué viene después? La sensación de no avanzar, de no cambiar, de frustración, de inutilidad del intento… En ocasiones se cede a la desolación: no puedo cambiar, no puedo progresar, tenían razón lo que creían que no soy capaz…

Los programas de intervención no son soluciones rápidas en ocasiones. Ni tienen por qué serlo. ¿Hay una urgencia? Se analiza y se interviene. Pero la esencia debe ser la implantación de ese cambio desde lo más profundo. Al fin y al cabo, lo más profundo de nosotros es lo que somos, lo que venimos siendo desde que nacimos, con nuestra evolución particular.

Y eso no se cambia en dos días.